Cuando el Sol abraza a la Luna
¿Qué es más real: lo que se siente o lo que te obligas a olvidar? Preguntó. La respuesta nunca estuvo en duda. Sentir es la única verdad incontestable; olvidar es solo un artificio de la mente para sobrevivir a lo que me quema, aunque pasar página sea necesario para cerrar historias. Pero es que esta no la quiero cerrar, pero él siempre me empuja a ello.
¿Cómo se olvida a quien amas cuando cada fibra de tu ser se niega a la amnesia? ¿Cómo se deja de soñar con ese instante compartido que jamás llegó a encarnarse en la realidad?
Durante toda mi vida, mi razón y mi corazón caminaron de la mano con una lucidez pasmosa. En mis relaciones pasadas jamás toleré ni media falta de respeto; a la primera señal, me elegía a mí sin dudarlo, sin mirar atrás. Incluso en mi matrimonio, si aguanté el paso del tiempo, fue por razones tangibles: los hijos, una vida construida a dos manos, proyectos y responsabilidades donde las decisiones no siempre eran individuales, situiaciones muy concretas... Pero aún habiéndole querido, supe con absoluta certeza el momento en que mi luz empezó a apagarse, y me fui. Sé estar sola. He vivido años en esa soledad conquistada, sé perfectamente lo que valgo y he trabajado mis sombras como para saber que esto no es falta de autoestima, ni una dependencia que nunca tuve, ni ese impulso ingenuo de querer salvar a nadie. Nunca lo hice con nadie. Sé que cada cual debe librar sus propias batallas y que no puedo sanar lo que otro no decide sanar.
Pero con él... con él se rompieron todos mis esquemas.
Con él es todo distinto desde el primer milisegundo en que el sentimiento tomó forma dentro de mi. Siendo plenamente consciente de todo lo vivido, de sus giros, de sus sombras y de sus ausencias, él se convirtió en mi jodida debilidad. Cuando le siento cerca, la conexión no se piensa, se padece: es como ese eclipse donde el sol y la luna finalmente se besan en la penumbra, un instante suspendido donde la luz y la sombra colisionan, abrasándolo todo a su paso. Explota en el centro del pecho como una supernova, la piel me arde en una fiebre silenciosa y el alma entra en una frecuencia que no reconoce a nadie más. Hay noches en que le siento tan dentro que despierto con la certeza mística de que duerme a mi lado, respirando en mi mismo cuello, cruzando la frontera de los sueños como si el espacio no fuera más que una ilusión. Y cuando se aleja, mantengo un respeto escrupuloso por su distancia para no invadirle, pero el silencio que deja es un dolor insoportable, un desgarro en carne viva que atraviesa el cuerpo y me deja sin aire. Nunca en mi vida había experimentado un choque de esta magnitud.
Es la primera vez que presencio una guerra abierta entre mi razón y mi corazón, pero mi corazón ha hecho una alianza indestructible con mi intuición. Esa voz firme y serena que me habita desde muy dentro no deja de pedirme paciencia, murmurándome que esto no ha terminado aquí. Es la sensación aterradora y fascinante de estar atrapados en un bucle infinito, un espacio atemporal donde nuestro vínculo muere en la realidad para volver a renacer, una y otra vez, en lo invisible. Algo invulnerable a la lógica humana.
Por eso, responder a su pregunta es encarar el abismo: olvidar sería lo sensato, lo maduro y lo digno según el manual. Mi mente dicta priorizarme, soltar y hacer lo que siempre he hecho, lo que dicta la puta lógica. Y ahí reside mi paradoja: estar atrapada en la paradoja más difícil de mi vida, que es amar a alguien con cada fibra de mi ser y, al mismo tiempo, tener la fuerza de no permitir que me trate de cualquier manera. Este amor no responde a ninguna puta norma ni ley establecida por el universo. Es una fuerza gravitacional, un imán inevitable que me atrae hacia él sin que pueda ni quiera defenderme.
Así que dime, ¿cómo lo hago? ¿Cómo se apaga un incendio que no responde a ninguna ley física? ¿Cómo hago para olvidarle a él, precisamente a él, cuando cada intento de soltarle solo me demuestra que intentar apagar esto con las manos desnudas es condenarme a quedarme sin aire para respirar?
Si yo soy tu sol, tú siempre serás mi luna. 🌙
Awen



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