Donde mueren los imposibles
Hay historias con finales felices y luego está esta: El amor no siempre llega a tiempo para salvarnos; a veces solo llega para enseñarnos de qué material estamos hechos cuando nos toca rompernos. Aquella noche el tablero dio un vuelco definitivo. Estabamos hablando a las diez de la noche cuando las frases que parpadeaban al otro lado de la pantalla dejaron de encajar; y algo me advirtió que los dedos que tecleaban no le pertenecían a él. Se desató entonces un choque feroz entre el instinto de supervivencia que exigía lógica y la obstinación de un corazón negándose al desamor. Mi brújula interna jamás falló, por mucho que intentara silenciarla o inventarme excusas para disculpar sus silencios. Algo dentro de mí gritaba con fuerza que lo nuestro había sido real, pero que su naturaleza, prisionera de un laberinto perpetuo de huidas y temores, terminó dinamitando el puente sin medir el impacto, lastimando a la única persona dispuesta a traspasar sus murallas para tenderle la mano y quedars...








