También se ama en los días grises

 




Si hubiéramos podido hablar con normalidad desde el principio, muchos de estos malentendidos jamás habrían ocurrido. Es evidente que resulta más fácil comparar y valorar lo bonito cuando se comparte una realidad sin pantallas: poder tocar, sentir, no tener que analizar cada palabra, adivinar intenciones ni vivir esperando mensajes en horarios concretos. He tenido que suponer todo desde el principio, y aunque la ambigüedad de los mensajes no me lo ponía fácil, lo intentaba y también acerté muchas veces. Lo que sentía era real y nada impidió la conexión. 

Sé que para él aquello pudieron parecer migajas, y tal vez lo fueran, porque sé que merezco más. Pero esa conexión especial sostuvo mis peores días. Quitando la última etapa de desgaste, herida y la desconfianza, el resto del tiempo lo pasaba bien. No era la situación ideal, pero respondía al momento que vivíamos: protegía mi situación para no salpicar su imagen, respetaba mis propios tiempos para estar preparada y entendía sus batallas con terceros e internamente... por eso tenía paciencia. Los memes, la complicidad en los posts y esos mensajes hacían que, a pesar de todo, sintiera que formaba parte de él y que él estaba conmigo cuando yo libraba mis propias batallas y él las suyas. Me motivaba a crear hábitos, de la misma manera que los dejaba cuando el dolor me golpeaba.

Han sido muchos meses, muchas vivencias y un peso emocional enorme,  con muchas cosas buenas —aunque al enfadarme le dijera lo contrario por el dolor— y también las malas. Ahora sé que está mal y estoy profundamente preocupada. Intenté alejarme porque sé que él así lo quería, y comencé a transitar un duelo que arranca el alma por dentro, sintiendo cada emoción en carne viva. Sé que estos días hemos estado en una batalla porque desconfié de su fluidez al hablar mientras trabajaba el día 1, y porque me dolió ver que seguía con ella, mientras yo seguía haciendo de refugio, cuando es ella quien sí le tiene en la realidad. El machaque constante sobre si me quiero poco y todo ese puto discurso, hizo que me fuera. Y no quiero entrar a justificar lo que dice ahí, porque al final quien siempre desconfió de mi fue él, a pesar de haberle dicho la verdad siempre que me preguntaba. Y entre el uno y el otro y las malditas pantallas por en medio, una sintiendo todo a pecho descubierto y el otro construyendo cada vez más muros, acabamos batallando cuando nadie quiere eso en realidad. 

Aun así, mi mente sigue dándole vueltas a lo que me dijo sobre su salud; lo puedo sentir y sé que no está bien. Le pedí disculpas como pude, incluso por mi ataque de ira y mis palabras nacidas del enfado y de la herida abierta al ver cosas que dolían profundamente —como verla en en una foto cenando con él o descubrir que la llevaba a todas partes — justo como quería vivir lo nuestro yo. Duele por las formas y por muchas cosas más.

Tengo un carácter fuerte, sé que puedo explotar, herir con las palabras si me llevan al límite ignorando los avisos, y sé que reacciono desde el dolor. De hecho se lo advertí no hará mucho y le dije que no le iba a gustar mi reacción si ocurría... No soy perfecta, siempre lo he dicho que nome idelizara: cuando me desbordo no puedo razonar hasta que se me pasa, pero luego me arrepiento y me disculpo. Tengo paciencia y aviso por eso, porque para llegar ahí se tienen que cruzar muchas líneas. Sin embargo, mis reacciones no son más que la respuesta lógica de alguien enamorado que tuvo que lidiar con situaciones que le hicieron mucho daño. Y por mucha IE que tenga, al final soy humana y no un robot programado para saber qué y cómo responder en cada momento de forma única y exclusivamente racional... no evito las emociones, las siento todas. Algunas veces con autocontrol y otras sin él. 

A pesar de todo lo pasado, no puedo ni sé mirar hacia otro lado sabiendo que alguien a quien quiero está atravesando un momento jodido de salud. Conozco perfectamente lo que es pasar por momentos así, lidiar con la incertidumbre, el miedo, la ansiedad y la soledad de sentir que los demás te dan la espalda, o si le tocara pasar por quirófano como a mi 6 o 7 veces, porque lo he vivido en carne propia y me he pasado años viviendo de hospital en hospital. Si él está pasando por algo así, mis palabras deben transformarse en hechos y debo tenderle la mano. Porque es lo coherente: si te quiero, es en las malas más que en las buenas. 

Mis decisiones son mías y él no puede decidir por mí; se queja de que no quiere ser "salvado" y no lo pretendo, pero irónicamente él siempre ha intentado savarme a mi de él mism  sin darme opción. 

​Sé lo que me merezco, que es todo, pero una cosa es la dignidad personal y otra muy distinta la humanidad hacia la persona que todavía amas en un momento crítico. Podemos quedarnos atrapados en el rencor, en el orgullo y en los reproches, y en ese falso empoderamiento de amor propio disfrazado de evasión de responsabilidad y ego; o podemos entender que el amor real y la empatía están por encima de las culpas y de todo eso. No busco forzar nada ni romper sus límites, solo recordarle que ante un bache o momento tan duro, la humanidad y el corazón no entienden de orgullo, y que si no estoy dispuesta a dejarle solo, es simplemente porque sé amar sin condiciones. Y porque siempre fuimos un equipo.

​Así que, por favor, que no me haga sufrir más; necesito saber que está bien. Si es real lo que me dijo y lo que siento, no quiero dejarle solo en momentos así. Sé lo que es pasar por esto; yo lo viví casi todo sola y fue durísimo ver cómo gente importante me dio la espalda cuando más lo necesitaba. Ahora no es momento de batallar, ni de reprochar, ni de dar discursos de heridas o de amor propio, porque amor propio también es poder elegir hacer lo correcto y lo que sientes cuando amas a alguien, y no soltarle la mano mientras libra su propia batalla. 

Eso no es debilidad, es fuerza. 


Awen



Nota para los lectores


Todas las historias y relatos que encontrarás en este blog son obras de ficción. Nacen de la inspiración, de pequeñas vivencias, anécdotas y detalles que la gente comparte conmigo en el día a día. Aunque parte de una chispa real o de una conversación compartida, los personajes, tramas y acontecimientos han sido transformados y recreados por completo para dar vida a cada narrativa.


Cualquier semejanza con personas, lugares o hechos reales es pura coincidencia. ¡Gracias por acompañarme en este espacio de creación y lectura!





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